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Lentejas; si no las comes, te quejas

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  • Tuvieron que pasar 31 años para elaborar mi primer plato de lentejas artesanal. Uki viajó durante unos días a Donostia por temas de trabajo. Yo me encontraba solo y desorientado en Madrid por lo que busqué un sentido momentáneo a mi vida. Todo surgió de manera natural, sin, ni mucho menos, buscarlo. Comencé con una exhaustiva documentación en internet y acabé preguntando a algunos de mis compañeros de trabajo sobre el tema lentejero. Contrasté información y cuando estaba acabando mi jornada laboral parecía que ya lo tenía muy claro.
    -¿Qué vas a hacer esta tarde?- alguien me preguntó.
    -Lentejas. –contesté sin más.
    Me introduje en una gran superficie en busca de los ingredientes. Todo fue muy rápido: Morcilla, chorizo, panceta, cebolla, ajo, cerveza, laurel, vino, tomate y zanahoria (esta última, hurtada). Enseguida me dirigí a La Madriguera y me dispuse entusiasmado a realizar la obra gastronómica. Música variada me acompañó en aquella andadura. Una rubia alemana en forma de trigo líquido estaba presente. Y es que, ¡era Santa Cecilia!.
    Me basé en extrañas proporciones y detalles aparentemente insignificantes. Siento no poder sacar a la luz mis toques mágicos, son marca de la casa. ¿O sois tan necios que pensáis que Arguiñano muestra todo a las cámaras?
    En la actualidad me toca aguantar las diversas quejas por no hacer lentejas de forma habitual. Me satisface pensar que: ¡nadie las deja!

    Esta foto fue tomada el 22 de noviembre de 2011 en La Madriguera (Madrid).

    Ponme cuarto kilo

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  • Masticar una crujiente cucaracha o rechupetear un sabroso cienmpies, es algo que, hoy por hoy, no me hace. Quizás en este mismo instante haya un chino, adicto a los gatos poco hechos, que esté opinando lo mismo de un tostado cochinillo asado al horno de leña. Por mucho que intento abrir la mente con estos temas, más se me cierra el paladar.

    El 20 de Marzo de 2010, paseabamos por Sanghai, por una ancha avenida repleta de luces de neón. A continuación de pasar por un puesto en el que vendían un alegre y dulce algodón de azucar, nos topamos con esto. Menudo contraste. Como buenos occidentales en oriente, fotografiabamos sin parar las suculentas brochetas de supuesta tierna carne y oscuro cascarón. Las brochetas de escorpiones llamaban la atención cuando estos se retorcían. Aquella era la gracia, el notar el movimiento cuando descienden por tu garganta. ¡Mátame camión! Pero con lo bueno que está el fortísimo queso lleno de moho y algún que otro gusanito.

    Almuerzo del segador

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  • Cuando sale el sol y no guardas sueño entre tus sábanas, a pesar de que no estés segando..., no hay nada más increible que comer un buen almuerzo del segador. Esa previa emoción puede absolutamente con cualquier alto nivel de sueño y cansancio acumulado a esas altas horas. Es apasionante pringar un huevo frito para combinarlo con chorizo o lomo mientras alzas tu vino con gaseosa. Así soy yo de sencillo.
    Generalmente consumo esta variedad de almuerzo despues de haber estado tocando durante toda la noche. Aunque si estás de fiesta y tienes la oportunidad, te lo recomiendo al 100%. Los dos huevos fritos, el lomo y el chorizo fueron tomados el 29 de Agosto de 2005. Acabé de tocar en algún lugar cuyo nombre no recuerdo y me lancé a esta, insisto, apasionante aventura.

    Amariverdoso

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  • Se puede decir que es una de las colas más largas que he contemplado sin que se ofrezca algo gratis. Por agosto, cada año, centenares de personas, cargadas de paciencia y apetito, esperan su turno para poder saborear una sustanciosa ración de judiones.
    He acudido varios años a la Judiada de la Granja de San Idelfonso (Segovia), siempre en calidad de músico, por lo que he tenido el privilegio de degustar los judiones sin esperas.
    Las sandías y los melones son el postre perfecto para desengrasar el suculento plato de las leguminosas. Ese año toqué con la Charanga Cubalibre. Entre canción y canción percibí un color amariverdoso sobre una mesa de madera. Todo parecía estar colocado al milímetro para realizar un bonito y fresco bodegón, pero caí en que me dejé mis lienzos en casa..., por suerte llevaba mi móvil.
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