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Sócrates

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  • "Los gatos son inexpresivos y solitarios. No hacen caso a nadie. Son egoístas, interesados y muy independientes" - esas son algunas de las patrañas que muchos colegas del mejor amigo del hombre sueltan con el desdén de un sabio que enseña a un ignorante de la vida.
    A esos que odian a los gatos desde la punta del bigote hasta sus uñates puntiagudos. A esos mismos que odian a un felino y aman a su perro porque lo llaman y viene velozmente moviendo el rabo. A esos que dicen que van a trabajar porque les pagan al final de mes y tienen la poca vergüenza de denominar "interesado" a un gato que no tiene por qué obedecer sus órdenes absurdas. ¿O es que a usted le llama alguien, -Pepeee, Juaaan, Aniiitaaa, ven, sit, dame la patita- y obedece sin una remuneración previamente pactada? Para todos esos que creen que un gato es un saco de pelo o un artículo de decoración con vida propia. Para todo este grupo de “perros sí-gatos no”. Para ellos, especialmente, van estas líneas.

    Sócrates, hijo de Paris Hilton. Nació en Coca (Segovia) en el mes de mayo de 2008. De una camada de 6 hermanos, sin lugar a dudas, era el menos agraciado. Era horrible y nadie lo quería. Debe de haber algún vídeo por internet de esta fea criatura por aquél entonces. Cuando sus hermanos fueron repartidos por diferentes puntos de la geografía de España, Chalequines, como se le llamaba en aquella época, quedó solo, desconsolado, triste y a tan solo un paso del sacrificio. Aquél bicho fue capaz de darnos tanta lástima que acabó en la choza de Ochagavía compartiendo piso junto a Uki y mi persona, allá por el año 2008.
    Chalequines pasó a llamarse Sócrates por la obra “El mundo de Sofía”, un gran libro. Su cara me recordaba en “algo” al maestro de Platón y, aunque Uki quería llamarle Ratón o quizás Redondo, como a su exhamster, al final hubo consenso, pues se llegó a una negociación sin complejidad alguna. Podemos gritar: Ratón, Bolinche, Gordo, Langostino, Langosto, Gata Gorda u Oso Panda que da exactamente igual, el minino presta la misma atención a todos y cada uno de sus múltiples sobrenombres.
    Sócrates maúlla demasiado, para que nos vamos a engañar. Nosotros pensamos que trata de decirnos algo, pero es inútil: aún esforzándonos insistentemente, nunca le comprendemos. Si nos sentamos en el sofá, más de siete kilos se acomodan sobre nuestro cuerpo casi al instante. En ese momento comienza el proceso más placentero para él: se acurruca, se hace el nido y comienza a ronronear.
    Cada noche, le gusta arañar la puerta de nuestra habitación sobre las 3 de la madrugada. A veces pensamos que se trata de un asesino en serie y contenemos la respiración pero en seguida nos acordamos de que llevamos varios años conviviendo con un gato. Miramos el reloj y vemos que todavía queda un mundo para dormir. Esto, curiosamente y de algún modo, incrementa nuestra felicidad.

    Cuando una mosca tiene la osadía de introducirse en nuestro hogar, los dientes de Sócrates castañean y, como un auténtico cazador, se pone manos a la obra. La mosca dura segundos batiendo sus alas.
    Sócrates no atiende demasiado a la televisión, exceptuando los telediarios y algún partido de fútbol en el que juega el barça y Sócrates se muestra ojiplático perdido. A veces, jugamos por la casa a encontrar potas diminutas que están compuestas por babas y pelos.
    Cuando viaja en coche suele cagar, babear, mear y vomitar simultáneamente. Su maullar en esas situaciones da bastante pena.
    Tiene manías raras como el movilizar su cazo de agua por toda la casa. También le gusta retozarse en mis zapatos y zapatillas, meterse debajo de la cama, guiñarnos los ojos a destiempo, introducirse en la bañera y lo que más le gusta ante todo: comer, comer y comer.., así está la criatura de dios.
    Justo en el momento antes de bostezar pone una jeta muy particular y graciosa, algo así como la cara de un oriental que acaba de chupar un limón. Cuando hace caca se queja con maullidos especialmente quejumbrosos.
    Cuando le dan venadas se tira a por mí con bastante fuerza y se me queda mirando esperando alguna respuesta; yo no sé qué pensar y le suelo pegar una patadilla cariñosa, de esas que están ahí.., en el límite entre el achuchón y el ostión.

    A muy grandes rasgos, y para el que no lo conociere, éste fue, es y será Sócrates el gato.

    Esta foto fue tomada el 31 de Octubre de 2011 en Madrid.
    (c) Copyright 2011 Plasmado.