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Canto a la mariposa

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  • Una vez tuve un compañero de trabajo que jamás continuaba el hilo de una conversación. Contara lo que le contase, dijera lo que le dijese; me interrumpía en cada momento con estúpidos comentarios a destiempo. Nunca me dejaba acabar lo que le intentaba explicar. Inmediatamente cortaba la conversación para relacionar lo que le estaba contando con experiencias ajenas de amigos o jefes al que no tenía el gusto de conocer. Aquello era bastante patético. Cualquier tema interesante, divertido, peligroso o curioso que salía por mi boca, era echado por tierra de inmediato debido a que a un desconocido fulanito le había ocurrido algo mucho más interesante, divertido, peligroso o curioso que a mí. Esto era automático. En cuanto comenzaba un tema de conversación, aunque en el rostro de este personaje se podía observar una ligera atención superficial, estaba seguro de que en su interior, se ejecutaba una búsqueda desesperada de criterios de relación a lo que en ese momento yo exponía. En muchas ocasiones no existían en su mente vivencias ajenas similares a la que estaba contando, pero la mala educación de este no tenía límite y era capaz de cortar la conversación a toda costa con comentarios que no tenían relación alguna (por lo menos para mí). Pero lo más grave viene en relación con el grado de consciencia de esta persona ante su misma personalidad. ¿Es consciente de su comportamiento? ¿Sospecha de su personalidad? ¿Es así de toda la vida y aunque lea esto no se da por aludido? En el caso de que esta persona actuara sin ninguna mala atención, ¿merece el respeto por su comportamiento o sería conveniente actuar cortante y fríamente contra él?
    Quizás haya un excompañero de trabajo que en este momento esté comentando o, para más casualidad, escribiendo sobre mi persona. Sobre un patético excompañero de trabajo que tuvo hace un tiempo. Un tipo que contaba cosas aburridas, triviales y sin interés alguno. Quizás esté haciendo hincapié en que siempre intentaba salir de estas conversaciones inaguantables con temas infinitamente más interesantes y cultos. Le era indiferente obstaculizar el ciclo de la conversación porque lo último que quería era aburrirse.
    La respuesta, es probable que dependa del que esté leyendo esto.

    En este dibujo callejero interpreto esta reflexión de una manera enmascarada:
    Un hombre ofrece una canción a los oídos de un amigo. Este se gira dándole la espalda. Cierra sus tímpanos con todas sus fuerzas y se dispone a interrumpirle contándole una rara historia del nacimiento de una ciudad sobre un barco. Esto es algo inentendible y fuera de lugar. Algo que no tiene nada absolutamente nada que ver con esa bonita canción. Entre tanto, una mariposa se posa entre los acordes. Parece dispuesta a escuchar. El amigo músico cambia su mirada y ve la luz. Omite la surrealista historia de su amigo y le canta a la mariposa.

    Esta foto fue tomada el 23 de diciembre de 2011 en la calle Betanzos de Madrid.
    (c) Copyright 2011 Plasmado.