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Piñótico

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  • El otro día me encontré por la calle con Piñótico. Un peculiar joven pelirrojo de estatura media y ojos oscuros que se pasea por la plaza del pueblo durante gran parte del día. Suele caminar lentamente con sus dedos de las manos entrelazados por detrás de la espalda, justo por la zona de la rabadilla, como si se tratara de un viejo de esos a los que se les considera sabedor de latín.
    -Buenas tardes Piñótico.- dije sin apenas detener el ritmo de mi paso.
    -Te habrás fijado en que la templanza del vuelo de las golondrinas difiere del vuelo del vencejo. - me dijo sin más.
    Detuve mi paso y arqueé mis cejas sin saber a que que se refería.
    -Te crees menos inteligente de lo que eres.- añadió este joven mientras se rascaba la barbilla.
    Todo el mundo sabe que Piñótico es un chico muy especial. Se cree que vive en un mundo paralelo entre eruditos invisibles en una antigua e inexistente plaza griega. Tiene cierta obsesión con que proviene de una presocratica y distinguida familia Ateniense muy relacionada con el mundo de la filosofía y es muy dado a explayarse en el mundo de la plática profundo-trascendental.
    -¿Sabes si está abierta la panadería?- es lo único que me interesaba en aquel momento.
    Piñótico me miró como si mirara a un niño con un coeficiente intelectual extremadamente inferior al de la media. Yo lo miré confuso, buscando, dentro de mi escaso conocimiento, algo relacionado con golondrinas y vencejos. Su mirada cambiaba, paso a mirarme como cuando observas a una cucaracha recién aplastada en el suelo.
    Yo reaccioné de una forma extraña. Hoy en día, todavía no soy capaz de creer que todo aquello saliera de mi boca:
    -Es sorprendente que tomes la torpeza del vencejo frente a la vivaz agilidad de una golondrina para ejemplificar insinuando algo a lo cual no te aproximas en absoluto. Dicen sendas citas de Plaximenes y Oriobundo que ocho de cada diez hombres somos vencejos en sentido figural. Tú, pelirrojo de mente falciforme, ¿podrías tan sólo llegar a ser una décima parte de lo que eres?. O, lo que es lo mismo, ¿podría un vencejo volar desde el suelo después de haber batido sus alas durante miles de kilómetros cruzando varios continentes? Piñótico, sigue con tu fantasía, sigue siendo una golondrina.

    Piñótico me miraba boquiabierto, estaba completamente aturdido. No decía una sola palabra y entendí que se dedicaba a reflexionar sobre todo lo que yo había expuesto de manera inexplicable. -Igual mis antepasados también caminaban filósofando por una alguna plaza de Atenas- pensé mientras observaba a Piñótico de arriba a abajo. La cara de este pareció moverse. Yo seguí mirándole animado por darle un poco de su propia medicina. Piñótico tragó saliva. Aquella discusión prometía. En ese mismo momento parecía que se disponía a hablar:
    -Creo que si que está abierta.


    Esta foto fue tomada en Francia el 29 de Abril de 2012.
    (c) Copyright 2011 Plasmado.