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Manco

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  • Durante más de 15 años, cada mañana, acudía a mi puesto de trabajo con la rutina como principal protagonista de mi vida. Me sentaba frente a mi ordenador y extraía informes durante 9 horas de la mejor manera que sabía. 
    -Y tú, ¿quién eres?- dije la mañana en la que que me encontré sentado en mi lugar de trabajo a un pequeño hombre regordete con cara de pan, un lunar en la mejilla y al que le faltaba un brazo. El hombre me miro y antes de que me pudiera dar una respuesta apareció mi jefe por detrás de mi. 
    -Perdone, se me olvidó decírselo ayer, está usted despedido. 
     Yo no tuve capacidad alguna de reaccionar, por lo que después de firmar varios papeles que justificaban la conformidad con una indemnización irrisoria, me dispuse cabizbajo a avanzar hacia mi casa para informar a mi mujer de tal trágica noticia. Después de deambular por la cocina, el salón y la terraza del patio buscando sin éxito a la mujer con la que llevaba casado más de 20 años, me interné en el dormitorio. En ese mismo lugar, mi mujer desnuda, permanecía abrazada a un pequeño hombre regordete con cara de pan, un lunar en la mejilla y al que le faltaba un brazo. -¡Pero que es esto!- grité con todas mi fuerzas. Pero aquellos parecían no verme y comenzaron a copular con la pasión de dos jóvenes enamorados. Corrí hacia la cocina velozmente y me abrí una cerveza. Me senté en mi sofá mientras oía las voces que salían de mi habitación. Aquello no me podía estar ocurriendo. De repente me vino a la cabeza; son las 22:00, hoy es 25 de mayo. Hoy es la final de la copa del rey de fútbol. El Barsa y el Bilbao. Subí el volumen del televisor y fui feliz, fue un gran partido. 

    Esta foto fue tomada el día 26 de abril de 2012 en la muy familiar boca de metro del Barrio del Pilar (Madrid).
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