El estruendo fue sublime, atronador. Ocurrió un martes de madrugada, en concreto el 24 de junio del año 2003. Eran las 04:19 am y algo interrumpió mi sueño en el que me encontraba dando a luz a varios gatos de todos los colores. En aquél sueño la gente me decía que no era tan raro parir un gato, que a veces pasaba y que había que ser fuerte y convivir con ello. Pero esa no es la cuestión. A lo que voy; decenas de libros y cds hicieron que una estantería desistiera rindiéndose ante un peso que, a lo largo de su vida, la había convertido en una esclava de las letras y la música. El contenido al completo se desplomó contra un escritorio de madera. Muchos de los cds y libros rebotaron y fueron a parar al suelo. De ahí que el estruendo no fuera seco y definido, sino que se prolongó durante casi dos segundos, lo suficiente como para perder de vista a mis cinco mininos multicolores que tenía como hijos.
Un dado de barro blanco, una tabla de abdominales, los lomos de diccionarios de francés y griego, una foto de una niña haciendo la comunión, una papelera de mimbre, una gorra de un campamento de verano de la villa segoviana de Riaza y un flexo, fueron entre otros, los elementos inertes que presenciaron, en riguroso directo, la hecatombe.
Esta foto fue tomada el 24 de junio del año 2003 en Coca (Segovia).
